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María Fernanda Cruz, es una de nuestras egresadas Avaa quien por su esfuerzo durante toda su carrera universitaria, se hizo acreedora de la oportunidad de viajar a Estados Unidos a través de nuestro programa Excelencia.

A continuación, el relato de su experiencia:

Pocas veces te encuentras frente a algo que te cambiará la vida y lo reconoces conscientemente. Eso era lo único en lo que pensaba durante mi espera en el aeropuerto internacional Simón Bolívar, el 19 de febrero de 2018. La materialización de más de cinco años de esfuerzo estaba por darse y yo estaba parada frente a ese avión, llena de expectativas, curiosidad y ¿por qué no? de miedos. Así me aventuré a mi intercambio internacional de la mano de Education USA y AVAA, que es mi casa y mi familia.

La ciudad de Los Ángeles fue la elegida para ver florecer una parte de mí que no conocía, desde la emoción del primer día, la frustración inicial del choque cultural y, finalmente, la adaptación y el aprendizaje de toda la experiencia. Gracias a este viaje pude perfeccionar mis habilidades en el idioma inglés y, haberlo hecho parte de mi rutina me hizo entender que muchas de las dificultades  que tenía con el idioma no eran por desconocimiento sino por “pena”, la cual desaparece cuando estás en un ambiente multicultural, y te das cuenta que no existen perfecciones y que todos, dentro de la diversidad, hacen su mayor esfuerzo por entenderse mutuamente. Esa es la ciudad de Los Ángeles, el cúmulo de muchas culturas convergiendo en un mismo espacio a través del idioma.

 Aprendí no sólo sobre su cultura, sino sobre el respeto, la tolerancia y la dificilísima tarea de encontrar los puntos comunes entre las diferencias, porque no sólo convives con americanos sino con ciudadanos de todo el mundo. Esto es, por mucho, el valor más grande que pude aprender y que me llevé de mi mes de intercambio. 

Estar un mes solo en una ciudad desconocida, puede ser lo más maravilloso que te pase o una experiencia aterradora y depende única y exclusivamente de las decisiones que tomes a diario. Yo tomé un bus que me llevó dos horas lejos de casa, fui a una playa que nadie conocía, a un mercado que sólo los locales conocían, caminé en vez de usar  metro, fingí no saber español para obligarme a pensar y hablar en inglés, me olvidé del GPS por unas horas y sólo seguí caminado, conversé con el desconocido que amablemente me preguntó de dónde era, comí algo que nunca había comido antes y sin darme cuenta, me saqué de mi zona de confort. Esas decisiones hicieron que este viaje fuese inolvidable y que valiera cada segundo de sacrificio durante mi trayectoria no sólo por AVAA, sino por la Universidad.

Fueron más de cinco años de altos y bajos, de dudas sobre seguir o no, de incertidumbre y de muchas frustraciones momentáneas. Sin embargo, puedo decir que tenían razón quienes decían que lo valdría todo, porque este viaje no es sólo una oportunidad para perfeccionar el idioma inglés  o una experiencia multicultural, es un reseteo mental que tienes para crecer y para entender la vida de otra manera, saca una versión de ti que nunca conoces hasta que te obligas.

Soy afortunada por haber tenido esta oportunidad en un contexto donde mucha gente ha dejado de creer en este tipo de oportunidades, por eso siempre le digo a los que me rodean (aún cuando uno mismo pueda titubear al decirlo): Lo que estás pasando ahora lo valdrá, llámese sacrifico, esfuerzo, horas de sueño perdidas, entre otras; todas esas son señales de que no te conformas y eso sólo puede ser retribuido con creces. Después de todo, tenía razón el 19 de febrero cuando me monté en el avión: no regresé siendo la misma, regresé vuelta una ciudadana del mundo.

Gracias AVAA, Education USA y US Embassy por ser mi bandera y mi carta de presentación afuera, sentí y siento mucho orgullo de formar parte de sus becados en un programa tan maravilloso como lo es este. Let’s keep dreaming!

 

Prensa AVAA

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