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Hace poco más de un año, Carlos Berrio tuvo la oportunidad de viajar a Los Ángeles, California (L.A.) a través de la Beca Internacional de AVAA. Este estudiante que hoy es Ingeniero Mecánico de la USB, disfrutó su estadía al máximo porque tuvo un acercamiento real con la cultura de esa ciudad.

Tal cual como se ve en las películas, Carlos, pudo visitar lugares emblemáticos y aprender de todos los que allí hacen vida a diario, y también de los que como él, estaban maravillados por la visita. Su paso por L.A. dejó huella en el planeta a través de una labor de voluntariado ecológica que se desarrolló mientras él estaba allá, actividad que recuerda con gran orgullo porque este tipo de labores benéficas siempre han sido sus preferidas. Esa ciudad también dejó huellas en él, en su personalidad, en su vida, tanto, que regresó siendo otra persona. A continuación, un resumen de su experiencia:

Pocos días han pasado desde que mi gran aventura vivida totalmente en inglés, llegara a su fin, y es en este momento cuando me doy cuenta cuán grandiosa fue, y, para ser honesto, estoy plenamente orgulloso de haber sido el protagonista. Fue una aventura interesante que me permitió aprender mucho de diferentes personas, lugares e incluso de mí mismo.

En Hobart, la residencia que fue mi hogar en L.A., compartí con personas asombrosas de distintos países que tuvieron enorme relevancia en mi paso por esa ciudad.  Haber estado en otro país fue increíble, pero estar en la misma casa con personas distintas, con diferentes acentos, niveles de inglés, edades, ocupaciones, objetivos, responsabilidades, entre otros, hicieron de mi aprendizaje algo invaluable.

Participé en la gran limpieza del río Los Ángeles, experiencia de la cual puedo decir que fue una historia muy curiosa, es decir, ¿cuáles son las probabilidades de que justo en los días que estaba en esa ciudad, y justo a unas horas de la residencia, se celebrara una actividad para ayudar a nuestro planeta, siendo este mi tipo de voluntariado favorito? Sin pensarlo mucho y solo considerándolo como una gran coincidencia, la disfruté; compartiendo, bromeando y teniendo un buen día con personas de distintas partes de la ciudad. Todo eso me ayudó a conocer la visión del voluntariado en esta parte del planeta, una actividad que en AVAA realizamos a menudo.  

Un lugar fundamental en mi aventura fue Columbia West College, donde mis lecciones no solo eran sobre inglés, también fueron sobre generosidad, porque cada persona con la que hice contacto, se mostró abierta a ayudarme cuando lo necesitara. El apoyo de Helen, la primera persona que conocí allí, James y el Sr. Lee, con niveles hasta contagiosos, son solo una pequeña muestra.

Realmente disfruté mis clases en Columbia. Tuve tres profesores y cada uno usaba métodos de enseñanza distintos, juegos en equipos, música en el fondo, presentaciones multimedia, actividades prácticas, ejercicios cortos, sitios web, videos, etc. Había cero oportunidades de aburrirme. Aprendí a identificar mis debilidades y fortalezas en el idioma inglés, algo que la mayoría del tiempo es difícil de descubrir, y que hoy realmente aprecio.

Antes del viaje había planeado visitar dos lugares, uno de ellos es el paseo de la fama, no exactamente por ser un gran conocedor de música o películas, en realidad no reconocí la mayoría de los nombres en las calles, pero haber llegado al teatro chino fue genial y mejoró cuando hallé las huellas de los personajes de la Guerra de las Galaxias, algo que como fanático de la saga, quería encontrar. El otro lugar es el parque Griffith, donde tuve un encuentro cercano con la naturaleza para respirar aire puro, subir la montaña y finalmente alcanzar el famoso Hollywood Sign. Dado que ambos lugares son mundialmente conocidos, pude estar cerca muchas personas y escuchar muchos idiomas al mismo tiempo, una divertida experiencia, especialmente si amas los idiomas.

Uno de los lugares más significativos para mí, fue el museo de historia natural, porque allí recordé cuánto disfruto aprender sobre ciencias, descubrimientos y tecnología. Haber estado rodeado por tantos fósiles, rocas minerales y de personas maravilladas con las distintas investigaciones presentes, es un recuerdo que pretendo conservar para siempre.

El conocimiento y disfrutar la forma de obtenerlo, son dos de las cosas que más aprecio en mi vida, este viaje me brindó ambos. El esfuerzo en conjunto de AVAA, EducationUSA y la Embajada de Estados Unidos estuvo siempre presente en todo lo que aprendí, comprendí y descubrí. Si alguna vez consideré recorrer otro camino que no fuera el del constante aprendizaje, este viaje me ayudó a confirmar que ese es precisamente el camino que no debo abandonar. Considerando todo eso, realmente valió la pena.

 

Prensa AVAA.

En la foto, Carlos Berrio y su compañera de estudios Kelly Decán.

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